lunes, 24 de septiembre de 2007

Editorial

En este México absurdo en el que nos ha tocado vivir, ya nada nos sorprende. Ni las AK 47 de los narcos, ni la riqueza malhabida del matrimonio Fox-Sahagún, ni la enorme fortuna de Carlos Slim, mucho menos el patrimonio que han forjado algunos líderes sindicales gracias a las cuotas de sus agremiados y a los ‘apoyos’ que reciben de las empresas.
El caso que en esta edición nos ocupa es el de Tereso Medina Ramírez, dirigente de la Confederación de Trabajadores de México, porque sorprende que en una década haya acumulado ranchos, residencias y vehículos onerosos, pero sobre todo, que lo haya hecho con total impunidad, a la luz del día, y sin que a ningún obrero se le hubiera ocurrido escupirle el rostro.
En este caso no llaman la atención los bienes que Tereso ha acumulado en una década, sino la pasividad de los pinches obreros cetemistas que demuestran así una vez más, que en su cavidad craneana no existe más que mierda.
Conformistas y mediocres, chapuceros y borrachos, mezquinos y medrosos, los obreros cetemistas dan un espectáculo para la historia: no quieren luchar.
Mientras en otras latitudes los trabajadores fabriles son concientes y no han olvidado que la lucha de clases es el motor que mueve a la humanidad, en Saltillo todo es paz y se acepta la demagogia del dirigente cetemista que pregona la nueva cultura laboral.
Esta cultura laboral no es otra cosa que la entrega de los derechos de los operarios al patrón, a cambio de prebendas y canonjías para los dirigentes charros.
Pero, finalmente hay que aceptar que si los obreros por su gusto son bueyes, que sigan lamiendo la correa, mientras el dirigente charro e inmoral que los representa, se siga entripando de dinero.
Pinches obreros cetemistas, ignorantes, abúlicos y cobardes
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