domingo, 15 de abril de 2007

Ladrones del Congreso del Estado de Coahuila.

Julián Tranzaldúa y Horacio del Bosque, el espíritu gregario de dos ratas legislativas.
El cinismo, la falta de dignidad, la rapiña son sólo algunos elementos que forman parte de la indumentaria que a diario visten los políticos comarcanos.
En fechas recientes, los observadores pudieron advertir el vasallaje de Horacio del Bosque Dávila quien funge como presidente del Congreso del Estado.
Durante el proceso electoral para la renovación de la dirigencia nacional del PRI del Bosque Dávila de manera abierta hacía proselitismo a favor de Beatriz Paredes; sin embargo, a la mera hora fue obligado por quienes toman las decisiones en palacio rosa a que fuera el representante de Enrique Jackson. Sin replicar, Horacio cumplió con su encomienda, agacho la cerviz y de manera humillante renunció a sus ‘convicciones’ políticas.
En Coahuila todo mundo sabe que Horacio del Bosque es hechura de Enrique Martínez y Martínez quien lo protegió y lo mantuvo amparado cuando existía orden de aprehensión en su contra.
En los primeros días de diciembre de 2001 del Bosque Dávila aceptó ante un juez de Nuevo León haber recibido ocho millones de pesos bajo el argumento de que el dinero lo había usado para el financiamiento de su partido.
A raíz de la rapiña de que hizo gala en Nuevo León cuando fue presidente del comité estatal del PRI, y donde dispuso de ocho millones de pesos, al diputado plurinominal se le conoce como el hombre de las costumbres históricas.
El proceso que se le siguió en Nuevo León empezó en 1997 y continuó su curso hasta que el juez quinto de lo penal, José Luis Garza resolvió procedente la orden de aprehensión. La PGJE solicitó la colaboración de su similar en Coahuila para ejecutarla, pero el titular de ésta, Óscar Calderón Sánchez la devolvió porque supuestamente incumplía con los requisitos del caso.
Luego, del Bosque Dávila interpuso una demanda de amparo ante el juez primero de distrito con sede en Saltillo Roberto Rodríguez, quien concedió la suspensión de la orden de aprehensión.
Por esos días en que casi anduvo a salto de mata, el ahora diputado plurinominal recibió el cobijo y la protección del entonces gobernador Enrique Martínez y Martínez.
El espíritu gregario de las ratas.
Dice el dicho que Dios los cría y ellos se juntan e indudablemente que así es en el ámbito político. Casi desde el inicio de la actual legislatura, Horacio del Bosque en su calidad de presidente acogió a un analfabeto funcional de uñas muy filosas llamado Julián Anzaldúa Gutiérrez, quien funge como tesorero del Congreso, según el organigrama que aparece en el portal de Internet de esta institución.
En el medio político-periodístico la fama de Julián Anzaldúa de transa y ladrón es legendaria, al grado de que en su cara distorsionan el primer apellido transformándolo en Tranzaldúa.
Abyecto hasta la ignominia se dice de él que es capaz de vender a su propia madre si de allegarse recursos se trata. Paradójicamente a su analfabetismo funcional fue Secretario de Educación Pública en el último tramo de la administración de Rogelio Montemayor Seguy. Tras este cargo –cuentan- sacaba maletas repletas de billetes de todas denominaciones para financiar la campaña a la alcaldía de otro ladrón: Óscar Pimentel González.
Alguna vez, durante la administración municipal de Pimentel González soñó con convertirse en tesorero del ayuntamiento capitalino. No se le hizo, porque pese a que Óscar Pimentel es también un ladrón, desconfió de Julián Tranzaldúa y lo mandó muy lejos de la caja de caudales de los saltillenses.
Otro de los modos operando de este funcionario del lumpenaje burocrático es alimentar a los trabajadores de las distintas dependencias cuando se quedan a trabajar tiempo extra.
A través del restaurante de comida rápida llamado Astroburguer que la sabiduría popular ha motejado como Astromugre por las condiciones antihigiénicas en que se preparan los alimentos, surte de hamburguesas y tortas a los empleados no sólo municipales, sino también estatales.
Gracias a la urdimbre de relaciones que ha tejido durante más de tres décadas, factura por adelantado entregando vales por cientos de hamburguesas y tortas a los titulares de las distintas oficinas pública.
También merced a la relación que mantiene con el titular de la Secretaría de Salud, los inspectores sanitarios se mantienen lejos de los restaurantes Astromugre donde las cucarachas y las ratas se pasean sobre los comales mientras los encargados de la preparación de los alimentos se sacan los mocos y escupen sobre los productos que expenden.
Aunque no ha ocupado puestos de primer nivel se las ha ingeniado para construir una lujosa residencia equipada con los aparatos más modernos.
Arrastrado como es en el campus priista, uno de sus hijos estuvo como secretario particular de Roberto Madrazo Pintado, el fallido candidato a la presidencia de la república.
Pero, sabedor de que detrás de su riqueza hay muchas maniobras turbias, es un sujeto huidizo, apartado, una verdadera ave de rapiña del presupuesto o una rata de uñas con gran filo.

La tragedia de Romina Tejerina.

Jovencita de 19 años violada el año pasado y condenada por los católicos de Argentina, puede pasar el resto de sus días en la cárcel.

La joven argentina Romina Tejerina quedó embarazada producto de una violación y tras siete meses de embarazo parió sola en el baño de su casa donde presa de la desesperación y el pánico, hirió mortalmente a la recién nacida. El próximo 16 de julio se dará conocer el fallo del juez que podría sentenciarla a cadena perpetua.
Romina de 19 años de edad, es una de las cerca de 335 mil y 400 mil mujeres que se realizan abortos caseros en Argentina cada año arriesgando su vida, debido a la prohibición de esta práctica en aquel país. Se calcula que por cada dos embarazos se registra un aborto en condiciones inseguras.
Entre el 30 y el 40 por ciento de las camas públicas en el área de ginecología de los hospitales bonaerenses están ocupadas por mujeres que sufrieron complicaciones derivadas de "abortos caseros" o mal realizados. La mayoría de ellas son de bajos recursos, siendo esta la causa de muerte de al menos 200 mil mujeres al año.
Para Romina todo sería distinto si hubiese podido acceder a la píldora del día después. Si en esta sociedad hubiera otras condiciones para las mujeres que sufren la humillación de ser violadas.
Desde hace más de un año se ejerce violencia psicológica sobre Romina, toda vez que han pasado ya más de 12 meses para decidir su situación procesal y no ha permitiendo que reciba terapia. Además, le ha impuesto un régimen humillante y restringido para las visitas.
En una carta desde la prisión, Romina relata: "Es injusto, es terrible lo que me están haciendo y todo inicia el uno de agosto cuando abusaron de mí. A medida que pasa el tiempo me pone mal todo. Pero tengo la esperanza de que voy a tener una respuesta a mi favor. Ya que estoy pagando algo injusto, que es este encierro. Es algo que nunca me había imaginado pasar, es una pesadilla que una vez por todas tiene que tener un fin".
"Lo único que yo quiero ahora es que haya justicia para que yo me pueda ir en libertad y quien me violó Eduardo Vargas pague en la cárcel por lo que me hizo. Es todo lo que yo puedo escribir acerca de este encarcelamiento injusto".
"Me siento muy presionada y controlada por el personal (de la cárcel). Se que estoy detenida, pero no es necesario que me tengan tan presionada psicológicamente porque me hace muy mal y cada día que pasa es como un calvario para mí de ver a personas que quizá son peores que nosotras", dice Romina.
Se trata de un caso de justicia ya que muchas juezas y jueces no tienen la capacidad para comprender la situación por la que deben pasar las mujeres violadas o con embarazos no deseados.

La iglesia, el PAN y Provida contra el derecho de la mujer a decidir.

México y la despenalización del aborto: la eterna lucha entre liberales y conservadores.

· La decisión que arruga el alma femenina.
· El temor al señalamiento público.
· Y las mujeres pobres ¿qué?
· Los médicos abortistas.
· La iglesia, el PAN y Provida contra el derecho de la mujer a decidir.

Una historia que se repite…
Una mañana soleada pero fría de abril de 1990 deambulaba solitario por las calles del Centro Histórico de Saltillo. Como iba en la pendeja no me había dado cuenta de que en uno de los semáforos hacían alto tres amigos míos, dos mujeres y un varón. Casi a una voz me invitaron a subir en el vehículo. No lo pensé dos veces y ya en el interior me dijeron que iban a Monterrey. Una de ellas se veía demacrada. La mirada opaca constrastaba con el brillo de sus ojos que comúnmente adornaban su rostro. La otra iba silenciosa y triste mientras el varón asía con fuerza el volante.
Fluído el tráfico de esa hora, en pocos minutos ya estábamos sobre la carretera más allá de Ramos Arizpe. El automóvil avanzaba a menos de cien; en su interior la atmósfera era fúnebre. Se olía la tristeza. A la altura de Ojo Caliente una de ellas me dijo que ya se había inyectado varias veces, y su regla, detenida desde hacía más de dos meses no bajaba. Me miraba de soslayo mientras las lágrimas escurrían, abundantes por sus mejillas. El timbre de su voz denotaba la tristeza que llevaba en el alma. Ya había tomado ruda con tequila, pero nada. Sabía que un nuevo ser latía ya dentro de sus entrañas producto de sus amores ilícitos. Él era casado; ella hija de familia. Temía a la reacción de sus padres, a la burla social, y más que nada, la abatía la decisión que había tomado de terminar con su embarazo.
El vehículo seguía avanzando sobre la autopista con el aparato de sonido en silencio. En un parpadeo el destino me había convertido en cómplice de aquel ser doblegado por la vida. A unos minutos de ingresar en la clínica el sufrimiento era patente. Las lágrimas seguían escurriendo mientras su voz se quebraba a veces en murmullos. Llevaba entre sus manos un rosario.
Por fin entramos en Monterrey y por mil vericuetos llegamos a una pequeña clínica. Afuera esperaba un hombre de rostro regordete que calzaba pantuflas, vestía un suéter verde de colegial que hacía juego con un pantalón gris. Sus manos suaves, muy suaves pero firmes aunque pequeñas, estrecharon las nuestras; después se encaminó hacia el primer piso seguido por las dos mujeres. Bajo los rayos tenues del sol que aún no llegaba al cenit quedamos, inquietos, el conductor y yo. Casi no hablábamos, sólo nos dirigíamos la palabra para quejarnos de que el tiempo transcurría muy lento.
Aproximadamente una hora después bajó hasta donde estábamos la mujer que acompañaba a la que se había ido a practicar el aborto. Ya salió –nos dijo. ¿Quién sube primero? –nos preguntó. Yo –indicó el varón responsable del embarazo.

De manera escueta me contestó en medio del llanto.
- Bien.
Luego bajó la otra persona y empecé a subir las escaleras y pude darme cuenta de que la clínica contaba con un pequeño quirófano, una silla ginecológica y cuatro o cinco camas donde las mujeres convalecían por unos minutos luego de la intervención. Al llegar arriba vi al médico que se quitaba los guantes y se lavaba las manos. Un poco más allá, sobre una de las camas y envuelta en una sábana blanca estaba ella. Verme y llorar fue un solo acto.
El grito le salía del alma, agudo y largo mientras su pecho se convulsionaba por el llanto.
Han pasado casi dos décadas y es fecha que aún no puedo olvidar aquella escena. El grito y los sollozos todavía taladran mis oídos. A veces he despertado en medio de la noche y envuelto en un sudor frío, después de que el sueño ha traído a mi mente aquellos hechos.
Unas horas después regresábamos a Saltillo. Nadie hablaba.
Y las mujeres pobres ¿qué?
Muchos años han pasado después de aquel incidente, pero en los últimos días, ante la polémica que ha desatado la propuesta de despenalización del aborto en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, y la oposición perruna de la iglesia católica, de Provida, de la derecha rabiosa y de las mujeres ricas de carnes fofas, pienso que la mujer tiene derecho a una oportunidad para decidir, siempre y cuando lo haga antes de las 14 semanas de gestación, cuando la criatura que late en su vientre aún no desarrolle las células cerebrales y por lo tanto aún no cuente con la viabilidad de convertirse en un ser conciente.
La práctica del aborto es policlasista; es decir, lo practican en la clandestinidad tanto las mujeres pobres como las que cuentan con la suficiente solvencia económica. Pero mientras aquellas que cuentan con recursos pueden pagarse un aborto seguro, las mujeres del arrabal tienen que recurrir a comadronas que ejercen en cuartuchos oscuros y con prácticas que datan de hace 2 mil 500 años.
Es grave que en un país de mochos e hipócritas, las mujeres que tienen lo suficiente para pagar a un médico abortista, han dejado atrás la solución salina, la dilatación y el curetaje, el D & X y la césarea y los han cambiado por métodos de succión; es triste saber de mujeres que en medio de su pobreza patrimonial y adolescentes temerosas que tengan que recurrir a los tés de ruda, a los masajes, a las caídas violentas, a las ramas de perejil y a los ganchos de tejer para expulsar de su vientre el producto de sus amores, comúnmente condenados desde el púlpito por sa-cerdotes pederastas.
El aborto es una realidad, pero también es real que los clérigos condenan y satanizan su práctica sólo en las mujeres que viven en medio de carencias materiales; jamás se meten con las clases media y alta, donde el perdón de los pecados lleva una retribución monetaria. El Padre Rentaría de la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo es el ejemplo del sometimiento de los sa-cerdotes al poder económico.
La vida triste de los médicos abortistas.
El mercado negro.
El aborto tiene aristas sociales, económicas y espirituales. Nadie en su sano juicio puede pensar que los médicos que lo práctican bajo fines de lucro son las personas más equilibradas de nuestra sociedad. Por el contrario, se han documentado casos en los que estos profesionistas sueñan con fetos, con abortos uno tras otro, con baldes de sangre, con paredes salpicadas y con árboles colmados de fetos gateando.
Una enferemera narra que en un sueño dos hombres la sujetaron y la arrastraron mientras le decían con nauseabunda mirada lasciva: "hagamos un aborto". Ella empezó a gritar mientras se sumergía en una visión de succiones, de dolores chirriantes; sentía que era extendida y desmembrada por instrumentos abortivos. Despertó casi sin poder respirar e imaginando mesas de cocina, percheros, agujas de tejer manchadas de sangre y a mujeres que en la soledad apretaban almohadas en sus bocas para evitar que sus girtos perforaran las paredes de sus departamentos.
Confiesa que no es un trabajo fácil ni agradable: "Hay momentos de cansancio, sombríos momentos en los que creo
no poder aguantar un recipiente más lleno de restos sangrientos, en que no creo poder pronunciar alguna otra frase de consuelo".
Así piensan algunos médicos y enfermeras que ejercen en el mercado negro del aborto.
La realidad es que en México el aborto es una práctica cobijada por la hipocresía social; sin embargo, al año miles de mujeres mueren porque se practican abortos caseros mordiendo las almohadas para que sus gritos no traspasen los muros de sus casas.
Entonces, al margen de que para los mochos e hipócritas de Acción Nacional, de Provida, de la iglesia católica y de las mujeres ricas de carnes fofas, la despenalización del aborto antes de las 14 semanas es una necesidad social.

Aborto

El clero y la derecha rabiosa se oponen a la despenalización del aborto en la Asamblea del Distrito Federal.


En estos momentos la polémica está en boca de todos. La derecha rabiosa aprieta a través de los sacerdotes homosexuales y pederastas que conforman el alto mando del clero. Provida a través de Jorge Serrano Limón, amenaza. La hipocresía nacional está en pie de lucha y por doquier se mira a mujeres cuyo semblante acusa la falta prolongada de miembro en sus entrañas. Ellas, las mujeres de carnes fofas están en contra del aborto. La vagina es para la reproducción, no para el disfrute. Pero detrás de ellas, de Provida, del clero y de la hipocresía, hay 28 mil abortos anuales tan solo en el Distrito Federal que se practican mujeres pobres en callejones oscuros, en cuartuchos miserables en medio de la penumbra, y miles y miles de dedos de comadronas que hurgan en las entrañas femeninas marcadas por la pobreza. Esta es la triste realidad del aborto: drama de pobres, lujo de ricos.
El cardenal Norberto Rivera Carrera, con su asquerosa cara de perro, ha encabezado las protestas callejeras contra la iniciativa de los asambleístas del PRD del Distrito Federal, porque temen que la propuesta se extienda hacia la Cámara de Diputados y que este órgano legislativo promueva también la despenalización del aborto a nivel nacional. Por eso, la derecha rabiosa que tiene su máxima expresión en los legisladores del Partido Acción Nacional, con el respaldo de Felipe Raterón, se ha pronunciado en contra de la desaparición de las penas por la interrupción del embarazo, sobre todo, porque las familias que pertenecen a estas clases sociales, tienen el dinero suficiente para hacer que sus hijas y sus mujeres se practiquen abortos en lujosas clínicas de las Estados Unidos.
El tema del retiro de las penas para las mujeres que decidan malograr su producto antes de las 14 semanas de gestación hará que se discutan otros asuntos que hasta el momento se han soslayado como lo es la necesidad de que en las escuelas se hable más sobre la sexualidad y sobre todo, acerca de los métodos que impiden el embarazo; además, es necesario que a los profesores de biología se les capacite para que, ahora sí, se metan de lleno en este tema que ha provocado la polémica nacional.
Para los mochos de Acción Nacional que ya amenanzan con promover demandas de inconstitucionalidad si la ley se modifica en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y que han dado en llamar asesinos a los legisladores perredistas tan sólo porque se han pronunciado en favor del aborto seguro y gratuito en las clínicas de la Ciudad de México, es necesario que entiendan que un producto de menos de 14 semanas de gestación aún no empieza a generar células cerebrales y por lo mismo no tiene viabilidad de la conciencia.
Los hipócritas de Acción Nacional, ojetes y falsos, soslayan el dato anterior porque así les conviene. Ellos quieren que el proletariado se reproduzca para que genere mano de obra barata, explotable.
Esos mismos mochos de mente cuadrada son los que obligaron a que llegara a su término el embarazo, producto de una violación, de la niña Paulina de Baja California quien hoy les contesta: "Mi vida se cortó, fui una niña madre".
A Chespirito, ese payaso que se ha encargado de alienar a muchas generaciones, también le contesta: "Que bueno que a la mamá de Chespirito la dejaron decidir, a mí y a mi familia nos hubiera gustado también decidir".
El aborto como las drogas, es una realidad que existe, ¿por qué impedirle a la mujer que decida?, sobre todo en estos tiempos en que tanto se pregona y se exige la igualdad de géneros.
Basta de que los pinches mochos como los catones y conchitas recio impongan su razón.
Si en Coahuila ya hemos legalizado la existencia de los jotos, porque no permitirle a las mujeres que tomen esta durísima determinación.

Parece que a nadie le importa.

Se cae a pedazos el Edificio Coahuila.


En 2006, el edificio Coahuila cumplió 40 años, pero cinco años atrás las dependencias que ahí tenían su asiento empezaron a emigrar a distintas partes de la ciudad.
La construcción fue inaugurada con la presencia del asesino Gustavo Díaz Ordaz el 30 de noviembre de 1966 a la mitad de la administración de Braulio Fernández Aguirre.
Durante muchos años ha sido punto de referencia porque durante muchos años fue el edificio más alto de la ciudad y porque ahí funcionaba la Junta de Conciliación y Pillaje, regenteada mucho tiempo por Francisco Javier Almaguer.
En ese lugar se llevaban a cabo las pláticas de conciliación entre las partes obrera y patronal de la famosa huelga de Cinsa-Cifunsa que hace 33 años convulsionaba a esta ciudad.
Pero además de esta dependencia, funcionaba el Tribunal Superior de Justicia del Estado, los juzgados de Primera Instancia del Ramo Civil, el Tribunal para Menores, la Oficina del Registro Público de la Propiedad, el Departamento de Educación Pública del Estado y la Agencia de la Secretaría de Educación; en el sótano se instaló la imprenta del gobierno y el Archivo Judicial del Estado.
Aparte de la imprenta, ya ninguna de las dependencias mencionadas funciona en ese lugar. El edificio ha ido quedando solo. Nadie sabe si las autoridades lo demolerán, porque su deterioro se advierte a simple vista.
Los pedestales que soportan las pesadas estatuas de Juan Antonio de la Fuente y de Miguel Ramos Arizpe se caen a pedazos, el viejo elevador ya no funciona y se ha convertido en un peligro para las pocas personas que tienen que usarlo; los recubrimientos exteriores se desploman cuando el viento sopla y techos y paredes acusan el descuido en que se mantiene la construcción.
En la esquina de las calles Guerrero y Ateneo se puede advertir la pátina del tiempo, pues las varillas han perdido su recubrimiento de concreto.
Nadie sabe a que dependencia le compete el mantenimiento y parece que a nadie le importa que el otrora elegante edificio Coahuila se caiga a pedazos con el consiguiente peligro de usuarios y peatones.
El inmueble se levantó sobre las ruinas de lo que antes fue el colegio Josefino y luego el Ateneo Fuente al sur de la plaza Zaragoza.
Una de las estatuas que se encuentran en la escalinata del edificio Coahuila corresponde a Juan Antonio de la Fuente, quien nació en Saltillo y fue Ministro de Relaciones, de Gobernación, de Hacienda y de Justicia e Instrucción Pública. Además fue Ministro Plenipotenciario en Francia y miembro del Congreso Constituyente de 1857. A él se atribuye la frase: "No luchéis contra mi Patria, mi Patria es invencible". Además, incorporó a las Leyes de Reforma la Ley de Libertad de Cultos.
La otra corresponde a Don Miguel Ramos Arizpe, quien nació en 1775 en el antiguo Valle de las Labores, hoy Ramos Arizpe, y murió en 1843. Sacerdote y diputado en las cortes de Cádiz en 1810, en las que abogó por la independencia de México. Estuvo desterrado desde 1814 hasta 1920. En 1822 regresó a México y fue Ministro de Justicia en dos ocasiones (1825-1828) y (1832-1833). En el Congreso de 1842 fue diputado por Puebla.
Según la placa que cuelga de uno de los muros del edificio, se puede leer que originalmente la construcción estaba destinada para albergar a dependencias de educación y de justicia.
Por estos días, aunque nadie ha anunciado su muerte, luce triste y desierto
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martes, 10 de abril de 2007

La Huelga de Cinsa Cifunsa de 1974 a 33 años.

16 de abril de 1974.
Los obreros rompen las cadenas de la esclavitud en el Grupo Industrial Saltillo, pero 48 días después sus amos les colocan de nuevo los grilletes, y ahí están, aherrojados y en la ignominia para siempre.
En forma muy similar a como sucedía en buena parte de los sindicatos, en CINSA era costumbre que la revisión del contrato colectivo la llevara a cabo la comisión respectiva sin emplazamiento a huelga y sin la intervención de la asamblea en la negociación. En aquella ocasión se hizo prácticamente lo mismo: en la asamblea del 20 de enero (1974) se nombró a la comisión, pidiéndole que mantuviera informada a la asamblea sobre el curso de las negociaciones. El proceso de negociación también fue semejante, aunque en esta ocasión la empresa le dedicó más tiempo a este asunto; finalmente, al llegar a un acuerdo, los directivos del sindicato que en aquel entonces encabezaba Margarito Carranza, intentaron anunciar los resultados en el período previo a la semana santa para agarrar a los trabajadores endeudados en espera del pago de sus vacaciones e informarles en asambleas divididas por turnos sobre los resultados, a fin de dividir la opinión y evitar la insurgencia.
Todo parecía marchar normalmente hasta que el 2 de abril empezó a cundir el rumor de que ya se había firmado el contrato y que se había firmado "a espaldas de los trabajadores".
En ese momento el curso de los acontecimientos sufrió un cambio radical respecto al pasado. Las primeras Víctimas serían los propios líderes charros.
El día 2 de abril no se conocía el monto del aumento salarial pero sí se sabía que las cláusulas del pliego de peticiones habían sido alteradas. En el local del sindicato se reunieron alrededor de trescientos trabajadores a quienes uno de los líderes, el "Zurdo" Villalobos, trató infructuosamente de convencer para que se enfrentaran a los otros líderes. En esa reunión empezaron a participar algunos de los trabajadores más activos para que se celebrara una asamblea extraordinaria al día siguiente, con objeto de conocer el resultado de las negociaciones y de evitar que fueran divididos por turnos.
Al día siguiente (3 de abril) el comité ejecutivo y la comisión de contrato citaron a asamblea al turno que en ese momento no trabajaba. Ya reunidos, los trabajadores presionaron a sus líderes a fin de que se celebrara una asamblea general y aunque los líderes trataron de evitarlo, se vieron obligados a aceptar la propuesta. Ya en un ambiente caldeado, los trabajadores presentes, cerca de 2,000, abandonaron la reunión dividiéndose en tres grandes grupos.
El primer grupo se dirigió a las fábricas para poner anuncios y hacer llegar al resto de los trabajadores el mensaje de que la asamblea se celebraría a las 5:00 p.m., el segundo grupo fue a las estaciones de radio para difundir el mismo mensaje y el tercer grupo se quedó ocupando el local sindical. Conforme pasaba el tiempo la tensión crecía hasta el grado de que la mayor parte de los trabajadores ni siquiera fue a comer. Trabajadores iban y venían de las fábricas al local sindical.
Desde hacía varios días habían estado circulando volantes que trataban de levantar la conciencia de los trabajadores. Los mensajes llamaban a la formacíón de un fondo de ahorro, "resistencia", "vamos a tirar a los charros", "decídete, actúa". Estos mensajes habían circulado en años anteriores, pero aquella vez sí tenían un significado. Los trabajadores que estaban dentro de las fábricas querían salir, los de afuera no querían entrar. En las tres plantas de hierro gris y hierro maleable de CIFUNSAy la de CINSA se hablaba de lo mismo. Se hablaba en las puertas de todo, "el contrato ya lo llevaron ante la junta de conciliación", "ya se vendieron". Nadie sabía cuál era el fondo, había que ir al local sindical en los viejos camiones de Ruta 6 y Circunvalación desde donde la gente gritaba "vámonos, vámonos al sindicato". Al llegar a la puerta del sindicato, algunos no se animaban a entrar pero terminaban haciéndolo al escuchar a los oradores y a seguir a sus compañeros.
Antes de la asamblea apareció un trabajador que habría de convertirse en el líder del movimiento. Salvador Alcázar se dirigió a Socorro Castañeda para decirle que su hermano era actuario en la Junta y que si ella quería, él iría a informarse si ya estaba depositado el contrato. En una motocicleta Salvador fue a ver a su hermano, pero regresó sin una noticia definitiva. Al regresar se dio cuenta de que la gente estaba descontenta, que lo único que faltaba era que alguien le dijera qué hacer. A un compañero Salvador le decía: "pues, carajo, yo tengo a mi esposa embarazada y una niña, pero nadie se avienta". El ya había hablado en público, como vendedor y anunciador de fiestas, sólo tenía seis meses de trabajar en CIFUNSA y ya para entonces lo habían expulsado de Inyect Diesel y de International Harvester por su intervención en los sindicatos. Con inquietud tomó el micrófono para hablar a la gente durante una hora, recurriendo a las grandes frases y a los grandes gestos. En ciertos momentos levantaba el puño y en otros parafraseaba a Flores Magón: "Compañeros: preferimos morir de pie que vivir de rodillas". El discurso cayó como anillo al dedo, pues h~sta ese momento casi todos los discursos habían sido de Socorro que, aunque le llegaba a la gente al fondo, quizá por ser mujer no habría sido aceptada por todos como líder.
A la hora fijada Socorro mencionó que se necesitaba un presidente de debates. Por su presencia y por haber sido él quien hablaba, la asamblea nombró a Salvador presidente de debates.
En ese momento llegó el comité ejecutivo reclamándole que por qué estaba en el presidium, pero cuando le quisieron quitar el micrófono y hacerlo a un lado, se empezaron a oír los gritos de ,!'déjenlo, ¡déjenlo!" Le preguntaron que de dónde era: "¿De dónde eres tú cuñado? Te va a costar muy caro estoque estás haciendo" Él se defendía preguntando a la asamblea que si lo habían puesto de presidente de debates, a lo que la asamblea respondía con los interminables "sí, síi, síii..."
Por fin empezó la asamblea con la lectura del contrato anterior y de los términos del nuevo contrato, con el prólogo tradicional: "Después de 28 días de negociación y lucha hemos conseguido lo que muy pocos comités ejecutivos han conseguido". Entre las nuevas prestaciones estaba un seguro de $25,000.00. Aunque a la gente no le pareció mal el contrato, ante ninguno de los logros aplaudieron, ni siquiera al mencionarse la cifra del seguro. La mención del monto del aumento salarial la habían pospuesto los líderes, ya para finalizar su exposición informaron a la asamblea que el porcentaje era del 12.5%. en ese momento explotó el descontento. Empezaron las preguntas, las críticas, la presión de la base. Uno de los dirigentes recurrió, desesperado, al un último recurso, al del hecho consumado. No cabía la discusión pues el contrato ya estaba firmado. ¡En ese instante estalló la bomba!, la gente empezó a gritar, a acusar. Lo que cabía era la destitución del comité ejecutivo. A sugerencia de Socorro en forma aplastante la asamblea destituyó al comité ejecutivo y a la comisión del contrato colectivo. Se procedió a nombrar a los vocales de una nueva comisión de contrato colectivo, posteriormente tocó elegir al nuevo comité ejecutivo. Para la elección se propusieron tres mecanismos: por cómputo, por voto directo o por planillas. La asamblea prefirió que la elección se realizara a través del voto directo, o sea por mayoría de votos.
Se inició la elección. Una y otra vez se solicitaban candidatos para la secretaría general sin resultados, hasta que Socorro, Castaneda propuso a Salvador Alcázar. Con gritos de júbilo la gente aceptó. Alcázar tomó la palabra para decitles que sólo tenía seis meses en la empresa, que no conocía los estatutos y ni siquiera había asistido a ninguna asamblea, pero las disculpas sólo sirvieron para confirmar su selección. En unas horas Alcázar se convirtió en el líder máximo de la huelga de Saltillo.
Para elegir al resto del comité ejecutivo se hicieron múltiples proposiciones, sublan unos trabajadores y bajaban otros. Casi nadie era conocido por la mayoría, por lo que el comité ejecutivo se fue integrando con base en proposiciones de los distintos sectores y departamentos ahí presentes. No era un comité ejecutivo homogéneo; era más bien resultado de la espontaneidad de los acontecimientos.
Para terminar se consideró necesario elaborar un acta que diera fe de lo acontecido en la asamblea. Pero nadie sabia o querla escribir a máquina, alguien propuso que se llamara a un companero "que es del FAT" para que viniera a redactar el acta. Se le trajo y redactó dicha acta. La asamblea habla empezado a las cinco de la tarde y habla terminado a las doce de la noche. Fue una asamblea tremenda, en la que más de 5,000 almas unidas gritaban lo mismo, pedlan lo mismo...estaban unidas.
A través de informes policíacos y políticos el gobierno estatal habla estado enterado desde hacía tiempo de las reuniones entre estudiantes y obreros que se habían producido después del movimiento de autonomía de 1973. Sabían también de la presencia del FAT en Saltillo, pero no les preocupaba mayormente, pues en ningún momento hablan atacado al gobierno estatal, a quienes hasta entonces preocupaban más los estudiantes que los obreros o el FAT.
El día de la asamblea el ingeniero Eulalio Gutiérrez, gobernador de Coahuila, de acuerdo con un programa de trabajo previo, viajó a México desde Monterrey, quedando Óscar Villegas Rico (secretario del gobierno estatal) encargado del despacho. Según parece, en la misma noche de la asamblea el comité ejecutivo depuesto fue a informar al encargado del despacho sobre lo sucedido en la asamblea y aunque la conversación se desconoce, y es muy posible que el informe fuera alarmista y que los líderes depuestos hayan mencionado que los trabajadores y sus nuevos dirigentes pretendlan tomar el edificio Coahuila, sede de la junta local de conciliación y de numerosas oficinas públicas y que también estaban buscando al presidente de la junta para presiónarlo directamente. Esto se desprende del hecho de que la policla (sin la intervención de la zona militar) haya montado una fuerte vigilancia alrededor del edificio Coahuila y que el presidente de la junta local de conciliación cambiara de domicilio con toda su familia.
Después de la asamblea los nuevos dirigentes obreros diflcilmente conciliaron el suet'lo: "Con los ojos cerrados nos rezumbaban los oídos"; "Seguíamos viendo entre suelos a los miles de trabajadores enardecidos". A la mañana siguiente Socorro se reunió con Alcázar para presentarle a dos compat'leros que "son del Frente Auténtico de Trabajadores"; "nos vienen a ayudar desinteresadamente", "en todo lo que sea asesorla, ellos nos van a dar la mano"; "mira, tú no te preocupes pues tenemos cuatro o cinco licenciados". Los dos compat'leros que hablan llegado de Chihuahua y del Distrito Federal eran el secretario de organización y el secretario de capacitación del FAT.
En la mañana del 4 de abril, el comité ejecutivo, los asesores del FAT y un grupo de trabajadores (según la junta entre 300 y 500, de acuerdo con los trabajadores (unos 2,000) se dirigieron a, la Junta Local de Conciliación y Arbitraje para solicitar el reconocimiento de la nueva directiva sindical. Al presentar la solicitud de reconocimiento a Francisco Javier AlmaguerValdés, él les indicó que necesitaba 24 horas para responderles. El comité ejecutivo insistió, demandó y presionó al funcionario para que diera una respuesta antes de la hora en que cerraban las oficinas. Almaguer aceptó y antes de la hora fijada llamó a los representantes obreros para informarles que había sido reconocido el nuevo comité ejecutivo. Jubilosos por su nueva victoria y cantando por las calles, los ­trabajadores regresaron al local sindical.
Con el reconocimiento, los trabajadores consiguieron que el gobierno legalizara lo sucedido en la asamblea del 3 de abril. Voluntaria o ¡nvoluntariamente el gobierno estatal aS4mía una postura independ'ente frente al Grupo Industrial Saltillo. ¿A qué se debió esa postura gubernamental?, más concretamente ¿por qué reconoció la Junta Local al nuevo comité ejecutivo? Hay quienes consideran que el reconocimiento fue un mero trámite administrativo, por tratarse de una junta de conciliación con poco movimiento, simplemente el presidente no se percató de lo que Et~taba haciendo. Se dice que la presión directa de los trabajadores reunidos afuera de la junta obligó al reconocimiento. Finalmente, fueron abundantes las versiones de que el Secretario del Trabajo o el Presidente de la República promovieron telefónicamente el reconocimiento. Ninguna de las explicaciones anteriores fue absolutamente convincente.
16 de abril de 1974, estalla la huelga de Cinsa-Cifunsa. Las pasiones de ambos bandos se recrudecen. Los ricos dicen que es cuestión de honor, los obreros afirman que vencerán a los patrones.
Una vez reconocido por la Junta, el comité ejecutivo acudió a la empresa, solicitando hablar con el señor Rivera, (actualmente catedrático de la Escuela Normal Superior) gerente de relaciones industriales de CIFUNSA. El personal de segúridad dejó entrar al comité ejecutivo, pero el mismo señor Rivera impidió que entraran los asesores del FAT, Antonio Villalba Granados y Arturo Alcalde Justiniani. Entró el comité ejecutivo, pero ya Salvador Alcázar Aguilar se había puesto de acuerdo con Villalba y Alcalde sobre que "en lo más mínimo" hablarían por sí mismos, por lo que pedirían recesos para consultar en cada punto a los asesores. Mientras salían y entraban los nuevos dirigentes, el ambiente se ponía tenso. El señor Rivera les pidió un pliego petitorio que inmediatamente presentaron, les ofreció que les llamaría en media hora, pero nunca les volvieron a llamar. Este incidente de falta de autonomía del comité ejecutivo frente al FAT probablemente llevó a la empresa a pensar que los dirigentes obreros estaban totalmente manejados por el FAT. Pero al no responder al pliego petitorio, la empresa rompió el diálogo con el comité ejecutivo y con los trabajadores.
Ante el desconocimiento de hecho de su comité ejecutivo por los patrones, los trabajadores salieron a las calles clamando por la huelga. Se dirigieron a la casa de la familia López del Bosque, donde realizaron un acalorado mitin que desbordó las pasiones de ambos bandos. Para los trabajadores, los patrones estaban desconociendo a su comité ejecutivo; para los patrones, el conflicto ya no era intersindical, ni tan sólo un grave problema para sus negocios, los ataques directos a la familia López del Bosque lo habian convertido en un asunto personal en el que intervenian las pasiones. Más que una posición calculada, desde ese momento ya se perfilaba la posición que adoptaria el GIS: "no podiamos aceptar a un comité ejecutivo manipulado por el FAT y revisar un contrato colectivo ya firmado"; "cuando asumimos la posición dura no fue por gusto, sino porque nos tocó bailar con la más fea".
Mientras los trabajadores gritaban en el mitin y en las calles ¡Huelga!, los asesores del FAT redactaban el emplazamiento. Al dia siguiente los trabajadores acudieron a la asamblea, en donde se sometió a discusión y votación la propuesta de la huelga que fue aprobada abrumadora mente. Se terminó de preparar la documentación para que el sindicato emplazara a CINSA y
CIFUNSA a huelga por desequilibrio en los factores de la
producción, solicitando un incremento de 35% frente al 12.5% contenido en el contrato colectivo
firmado por la directiva depuesta.
Salvador Alcázar desconoce al FAT
A las cinco de la tarde en la Plaza de Armas, Salvador Alcázar comunicó a los asesores del FAT (Arturo Alcalde Justiniani, Antonio Villalba Granados y Alfonso Domínguez Arau) que el gobernador y los patrones fijaban como condición indispensable para negociar el que los asesores del FAT se retiraran. En la asamblea del día anterior se había nombrado a 50 obreros como representantes para negociar, sobre la base de un 20% de aumento y ya no del 35% original. Alcázar, con los representantes obreros y sin los asesores del FAT entró en palacio de gobierno. Primero, ante la presencia del gobernador, Alcázar leyó una carta -hasta ese momento desconocida- donde denunciaba al equipo de asesores del FAT como agentes subversivos y los desconocía. Acto seguido pidió la presencia de los López del Bosque, a quienes se les llamó por teléfono y al poco tiempo llegaron al recinto gubernamental.
Se empezaron a tratar los distintos puntos en discusión. Alcázar expuso lo que pedía la asamblea, pero al proponer el aumento del 20% solicitó una cantidad en pesos que no correspondía exactamente al dicho 20%. Este punto se aprobó rápidamente. Se discutió el problema de los extras de planta, o sea, de los trabajadores eventuales, solicitando se les reconociera después de un plazo fijo la planta. La empresa lo aceptó sin discusión. En el punto sobre salarios caídos fue donde hubo mayor discusión,
pues los empresarios consideraban que si pagaban más del 50% de los mismos, de hecho estarían reconociendo haber perdido la huelga, y esto los enfrentaría con otras organizaciones patronales.
Finalmente, se llegó a una transacción del 50% en dinero y el 20% en especie, o sea en mercancías (las despensas que la empresa a través del "grupo mayoritario" había tratado de distribuir a los trabajadores para granjearse su simpatia y sobre todo la de sus familiares). Terminada la negociación se elaboró el convenio que puso fin a la huelga. que firmaron los interesados a las cinco de la mañana. No aceptaron firmar el convenio seis trabajadores disidentes que desde el momento en que había sido leida la carta donde se atacaba al FAT ya no estuvieron de acuerdo y en algún momento (este grupo incluía al tesorero del comité ejecutivo) pensaron abandonar el palacio de gobierno para informar a la asamblea sobre lo que estaba sucediendo ahí dentro, pero decidieron no hacerla porque se percataron de la intensa vigilancia en derredor del palacio de gobierno.
Con la firma del convenio la huelga había terminado, pero los acontecimientos dejaron muchas incógnitas: ¿se vendieron los líderes o simplemente la empresa supo explotar una rivalidad entre el comité ejecutivo y el FAT? ¿Podría la CTM legitimar su posición y controlar al sindicato CINSA? ¿El gobierno volvería a permitir la organización de los trabajadores o se opondría a ésta? ¿Había logrado la huelga reestructurar el equilibrio político o precipitar un mayor conflicto? ¿Hasta dónde querían llegar los trabajadores?
Texto: La Huelga Cinsa-Cifunsa, intento de regeneración obrera Manuel Camacho Solis.

P. D. A 33 años del movimiento obrero que sacudió a todos los estratos sociales de Saltillo, la huelga CINSA-CIFUNSA se encuentra muy lejos de las nuevas generaciones de obreros y universitarios. El recuerdo se ha ido diluyendo, porque así conviene a los intereses de los patrones, tanto a los nacionales como a los extranjeros. Tan es así, que el expediente que reunía la memoria histórica de la huelga desapareció de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. Tampoco se encuentra en el Instituto Estatal de Documentación. Por estos días, los obreros de las distintas factorías de la localidad siguen en manos de los líderes charros de la CTM y los dirigentes de las diferentes organizaciones sindicales continúan recibiendo los banquetes de bienvenida que les ofrecen los patrones. La conciencia del obrero citadino se encuentra en el mismo nivel de hace tres décadas. Nada ha cambiado. Los trabajadores sufren un nivel de analfabetismo funcional similar al de 1974. Los patrones pueden dormir tranquilos.