lunes, 20 de abril de 2020


   La triste historia de la Chiquirrata (a) Manolo Jiménez Salinas.
Juan Cisneros Cortés

    Antes del 24 de enero fecha de la última visita de Andrés Manuel López Obrador a Saltillo, este tundeteclas jamás había visto físicamente al alcalde de esta ciudad.  Aquella tarde como diría don Pablo Neruda, el sol tiritaba a lo lejos   mientras un vientecillo frío se abatía donde comienzan las estribaciones de la sierra que lleva el nombre del guerrero Zapalinamé, eterno vigía de estas tierras; estábamos en el parque Las maravillas del Museo del Desierto. 
     La cita con el Peje de Oro estaba fijada para las 16:00 horas.  Con puntualidad británica poco después de las cuatro de la tarde, un hombrecillo de cuerpo enjuto y rostro muy ordinario  partía plaza en el escenario y ocupaba la última silla de la fila, muy cerca de la escalera y ahí, como un actor de quinta en pleno soliloquio mental miraba, atónito, la recepción apoteósica que el pueblo de Saltillo brindaba a ya saben quién.
    Poco después, el Peje de Oro (a) AMLO ataviado con gabardina negra y pantalón juvenil, subía con agilidad los escalones y con frialdad política estrechaba la mano del alcalde pasando de largo, y seguido por el gobernador Riquelme se colocaba en el centro de la fila, muy lejos de Manolo Jiménez Salinas quien sentía que los colores le subían al rostro mientras escuchaba a la multitud cuando coreaba: “…es un honor estar con Obrador”.   Se sentía chinche pues no obstante de que era el anfitrión había sido colocado en su dimensión exacta de pequeña rata, muy lejos del nuevo Tlatoani, les guste o no a los prianistas.
    Y es que en el meridiano de su existencia la Chiquirrata –así lo llaman por lo bajo en sus estratos social, económico y político- se ha sometido de manera abyecta al poder central; es decir, sabe que la política es el arte de tragar mierda sin hacer gestos.  De esta manera, como diputado local se sumó a la aprobación de una deuda contraída de manera ilegal.  De eso trata la reyerta que el alcalde de mentiras se trae con el superdelegado de la 4T Reyes Flores Hurtado.
    El muy ingenuo piensa porque así se lo han hecho creer los burguesitos de que se ha rodeado en la alcaldía que puede llegar a la gubernatura lanzando piropos a las mujeres del arrabal, eso sólo se le daba a Humberto Moreira, un hombre que contra todo lo que se diga, sí es dueño del carisma natural del hombre público, no de un político pedorro como Manolo Jiménez que pretende explotar su aspecto proletario aunque su rostro tercermundista, sombrío y ordinario no dé para tanto, porque es un pinche político criado en invernadero, una mugre de la burguesía citadina.
    En marzo de 2018 la revista Territorio Libre del pensamiento publicaba lo siguiente: “Mientras el alcalde de Saltillo da rienda suelta a sus caprichos estirando la brida a los caballos que monta en los eventos de rodeo que se han llevado a cabo en la ciudad, la población nuevamente está a merced de los borrachos que con el retiro de las fotomultas imprimen altas velocidades a sus vehículos y no contento con esto Manolo Jiménez Salinas autorizó que en el bulevar Venustiano Carranza la velocidad máxima suba a 90 kilómetros por hora en una arteria que está llena de escuelas, hospitales y centros de trabajo.
    Manolo Jiménez Salinas es aficionado al rodeo, que según Wikipedia es un deporte extremo estadounidense con influencia de los vaqueros españoles y de los charros mexicanos.  Consiste en montar a pelo potros salvajes así como novillos y toros, realizando diversos ejercicios como arrojar el lazo y rejonear.  Como se puede advertir, es un deporte oneroso que sólo los ricos pueden practicar por el costo de los animales.
    En tanto que Saltillo se vestía de fiesta durante tres días, con el evidente derroche de recursos del erario, los robos y asaltos continúan en los cuatro puntos cardinales de la ciudad; las carencias aumentan porque plazas y parques públicos se encuentran abandonados; la modernización de los semáforos está inconclusa porque muchos, debido a su antigüedad no permiten que se distingan los colores; los baches en las colonias suman miles en tanto que el Centro Histórico y sus arterias, cuando hay hundimientos, simplemente se rellenan con asfalto, v.gr. Victoria, Aldama y General Cepeda”.
    Dos años después, las cosas están peores pero la Chiquirrata paga carretadas de dinero a los medios de comunicación –periódicos, revistas, estaciones de radio y canales de televisión- para evadir la crítica y fomentar las loas a una labor de gobierno gris como hacía mucho tiempo que no se miraba en Saltillo; así mismo, mantiene con el hocico lleno de dinero al cuerpo edilicio para que tanto regidores como síndicos no abran la boca y voten a su favor los acuerdos de cabildo.
    Por lo pronto, lo primero que debería hacer la Chiquirrata (a) Manolo Jiménez Salinas, si quiere darse un baño de transparencia, es informar cuánto dinero sale de la Presidencia Municipal de Saltillo rumbo a las empresas de comunicación de su familia, pues la relación publicitaria con el periódico El Diario y la XEAJ genera a todas luces conflicto de interés.
Continuará…
Saltillo, Coah., 20 de abril de 2020

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